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07.01.2019
Yo soy yo y los accidentes de mi circunstancia

Ortega y Gasset ha pasado a la posteridad en parte gracias a su acertado axioma: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Sin duda que es así, pero no especificó claramente cómo era el “Yo” y en qué consistía su circunstancia. Como filósofo ortodoxo, solo tuvo en consideración el “Yo mental”, el que tiene su fundamento la idea de sí mismo, pero no consideró filosófico añadir también el “Yo espiritual” y el “Yo físico”; en otras palabras, solo consideró el yo ideológico, pero no el ético y el genético.

En cuanto a las circunstancias, englobó todo aquello que sucede en la “estancia” donde se desarrolla su yo mental. Pero en esta circunstancia suceden cosas de diversa índole, que nos afectan también de diversa forma, y es necesario especificar con más precisión cómo son y cómo nos afectan. La respuesta a estas preguntas es simple: todos los seres vivos nacemos predestinados, tanto genética, como moral y mentalmente. Dicho de otro modo, nacemos con información genética, ética y mental. Si no existieran las “circunstancias” seguiríamos fielmente lo que nos dictara el instinto, la fe y la intuición; en otras palabras, seríamos “nosotros mismos” sin ninguna influencia que nos hiciera ser de otra forma. O siendo más precisos, seríamos “inmutables”, lo que no es propio de humanos sino de dioses, porque los dioses no tienen circunstancias que les afecten.

Lo que ha hecho posible la evolución de las especies, es decir, el cambio y la mutación de las especies es, para un científico, su capacidad de adaptación a los recursos de su entorno; para un filósofo, la forma en que supera los accidentes, que son situaciones no previstas en su predeterminación. Esas situaciones no previstas son accidentes, que para el ser humano, pueden ser genéticos, causantes de malformaciones genéticas; éticas, que causan el cambio de su valoración moral y mentales, que son la causa de sus cambios de ideas acerca de la entidad de las cosas, o de su ideología.

Lo que influye en nuestra evolución no es la circunstancia sin más, sino los accidentes que se producen en la circunstancia. Por tanto, podríamos cambiar su popular axioma por: “Yo soy yo y los accidentes de mi circunstancia”.

Los accidentes a los que me refiero no son caídas, incendios o sucesos por el estilo, sino cambios bruscos o demasiado profundos para los que no tenemos respuestas en nuestra predestinación. Como un cambio climático, la rápida introducción de las nuevas tecnologías digitales o revoluciones políticas con ideologías radicales.

Ante uno de estos accidentes la respuesta solo puede ser “extinción” o “mutación”, no hay soluciones intermedias. Pero los accidentes pueden afectar a la mente, al espíritu o al cuerpo. Las mutaciones físicas requieren de varias generaciones para hacerse evidentes, mientras que las mentales y espirituales tan solo requieren una generación. Pero una mutación puede ser viable o inviable. La revolución francesa fue una mutación politica viable, la comunista, no. Esta es la lenta y penosa forma en que la naturaleza aprende lo que necesita saber por la prueba y el error, por lo que es necesario sacrificar muchas mutaciones hasta dar con la viable y mejor adaptada.

Ahora nos encontramos ante un nuevo accidente, el creado por la rápida introducción de los sistemas digitales en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Ha pasado suficiente tiempo como para que se hayan producido los primeros síntomas de mutación en el comportamiento de las nuevas generaciones, los que son capaces de escribir un SMS mientras circulan en bicicleta. Pero también hay claros indicios de una mutación moral. Lo que hace solo dos décadas era una indecencia, hoy está moralmente aceptado. En cuanto a una mutación ideológica se está produciendo por un liberalismo extremo, porque lo reclama el mercado.

Pero esta es una mutación de la que todavía no sabemos si será o no viable. Mi opinión personal es que no será viable, porque no responde a las verdaderas necesidades del ser humano y acabará en una previsible tragedia, para volver al principio y a la espera de un nuevo accidente, para ensayar una nueva mutación.

Los que no se adapten a estas mutaciones simplemente se extinguirán,