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24.08.2018
La vida: Instrucciones para su uso

Este divertido título no es mío, sino que lo he tomado de una página web italiana: “La vita: instruzioni per l´uso”, pero me ha sugerido un nuevo artículo que espero sea de interés para mis eventuales lectores. 

La vida es la cualidad de los organismos de sintetizar la energía contenida en otros organismos, sustancias u otro tipo de energías, para transformarlas en más materia orgánica. El final de este proceso sobreviene cuando los organismos agotan o pierden definitivamente esta capacidad, es decir, con la vejez y la muerte. 

Para realizar este proceso son necesarios estímulos, y el fundamental es el deseo sexual y su satisfacción. Dependiendo de la complejidad de estos organismos este deseo adquiere “fenómenos” más allá de la pura sensualidad, como son la sensibilidad y la espiritualidad. Con la evolución, los seres vivos altamente socializados, es decir, los seres humanos, adquieren nuevos sentidos para organizar la satisfacción de sus deseos. 

Estos nuevos sentidos son fundamentalmente dos: la sensibilidad de lo “bello” (estética) y la espiritualidad de lo “bueno” (ética). Mientras la sensualidad produce “satisfacción”, la sensibilidad causa “alegría” y la espiritualidad sugiere “felicidad”. Se es “atractivo” por la hermosura; “simpático” por la belleza y “amable” por la gracia. Es decir, la satisfacción del deseo en los seres vivos altamente socializados se complementa necesariamente con la sensación de alegría y de felicidad. 

Cada una de estas agradables sensaciones tiene un “objeto” de referencia: el placer depende de la “hermosura”, la alegría de la “belleza” y la felicidad de la “gracia”. A su vez, la hermosura depende de los sentidos (el cerebro), la alegría de la conciencia (la mente) y la gracia de la imaginación (el espíritu). Una experiencia “perfecta” es aquella que nos permite gozar de algo “hermoso, bello y gracioso” (cuerpo, mente y alma), que es sin duda el objeto ideal de deseo de cualquier ser humano evolucionado y altamente socializado. 

Sin duda que este objeto del deseo “ideal” se corresponde por lo general con una persona “joven”, pues es la única que puede reunir “objetivamente” las tres condiciones fundamentales. De ahí que la vida aproveche este momento para realizarse plenamente. Una persona anciana pierde la “hermosura”, dejando de ser un “objeto de deseo” para la peculiar mente del ser humano, que exige siempre las tres condiciones. Los animales prescinden de la belleza y de la bondad, y tan sólo están interesados por la “hermosura”. 

Sin hermosura no hay deseo (sexualidad); sin belleza no hay interés (amistad) y sin gracia no hay emoción (amor). No hay tal cosa como “el amor sexual”, puesto que el amor es un sentimiento sugerido por la “buena imagen del objeto del deseo”, mientras que la amistad es el sentimiento causado por la “forma de ser de las cosas que deseamos”. 

Pero todavía cabe ser más precisos: el amor es la emoción que causa la atracción de lo desconocido, ya que la imaginación sólo se “apercibe” de las cosas, pero no las conoce ni las entiende. Por la misma razón, la amistad es la impresión que causa lo conocido y afín, ya que la conciencia sólo “entiende” las cosas, pero no las conoce ni las siente. Por último, el deseo es la atracción de lo hermoso, ya que los sentidos obviamente tan solo “conocen”, pero no entienden ni imaginan. Por esta razón no es posible amar lo que tiene mala imagen, ni sentir amistad por alguien que no nos gusta, o desear algo que no es hermoso. 

En la naturaleza la pérdida de hermosura conlleva automáticamente la de belleza y gracia, pero en los seres humanos con la edad se pierde la hermosura, pero no necesariamente la belleza ni la gracia. La primera porque es un atributo de la mente, una “bella persona” es sobre todo una persona inteligente y razonable, y la segunda porque es una cualidad del alma, una “buena persona” es fundamentalmente alguien con elevados principios morales y sociales. 

Tal y como acertadamente consideraba Platón, ni la mente ni el alma envejecen, tan sólo lo hace el cuerpo, razón por la que este filósofo consideraba el alma imperecedera e independiente del cuerpo, pero Aristóteles entiende de forma más “realista” la relación entre “cuerpo y alma”, pero no consideró el tercer contexto de la mente. 

Para ser feliz no es necesaria la hermosura ni la belleza, sino tan sólo la gracia, ya que la felicidad es una sugestión de la imaginación y valora tan solo la “buena imagen” de las personas, animales o cosas. Esto explica que ciertas parejas con grandes diferencias de edad sean, no obstante, “felices”, a pesar de que uno de ellos haya perdido la “hermosura” y la “belleza”, pero consigue mantener la “gracia”. Otras parejas no son felices pero permanecen juntas por “simpatía mutua” porque mantienen la “belleza”, y por último, a otras les une tan sólo la atracción de su hermosura, es decir, el sexo, pero ni son felices y tienen una relación alegre con su pareja.