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La literatura: Otra víctima de los excesos del capitalismo

Según estadísticas oficiales cada año se publican en el mundo 2,210.000 de nuevos títulos. Si multiplicamos esta cifra por un promedio de 500 ejemplares por título, tenemos la  astronómica cifra de  1,105,000.000 de libros al año. Probablemente un 30 ó 40 % no serán leídos

La causa de estos excesos está en la filosofía del modelo capitalista. Un negocio como el de libros sobre demanda y auto-edición de Amazon necesita publicar para ser rentable un promedio de 25 títulos diarios, 9.125 al año, que no pueden ser escritos por un solo autor. Si cada autor escribe un promedio de dos libros al año, para cumplir con los planes de rentabilidad, Amazón necesita contar con 4.650 autores. Pero negocios similares al de Amazon hay probablemente varios centenares en todo el mundo. Calculando sobre 500, el total de autores necesarios para cubrir las necesidad de rentabilidad puede ascender a la astronómica cifra de 2.300.000 autores cada año.

Estos negocios promueven y estimulan a la gente corriente a que se transfiguren de la noche a la mañana en escritores, y el mejor marketing es el estímulo que sugiere el éxito, fama y dinero, que trasmiten un centenar de grandes triunfadores, es decir, un 0,05 del total de los autores. Las posibilidades de éxito a este nivel son similares a las posibilidades de acertar en la Lotto.

El precio por estos excesos es evidente, la degradación del autor y de sus obras.

 

Rentabilidad? ¡Sí, gracias!; ¿Talento? ¡No gracias!

El modelo de negocio capitalista solo tiene en consideración la rentabilidad, y por supuesto, carece de ética. A los ejecutivos de Amazon, y de empresas similares, les tienen sin cuidado el contenido de lo que publican, siempre que esté dentro de la legalidad vigente. No hay distinción entre el autor de fin de semana y el autor con vocación y entregado plenamente a su obra.

Ante esta ingente cantidad de libros y las facilidades que se ven obligados a ofrecer, las editoriales convencionales no tienen otra opción que adoptar esta misma filosofía del exceso. Ya no buscan autores creativos, cultos y comprometidos, eso queda para el Nobel, sino mercenarios de la literatura, al servicio de la editorial. Autores dóciles, manejables, prolíferos, preferible que escriban sagas, para crear una marca que alcance la astronómica cifra de 1.200 millones de dólares de Harry Potter.

Por desgracia, todavía quedan restos de autores de épocas pasadas, que no son capaces, ni quieren, asimilar la nueva situación creada y adaptarse a sus exigencias, y sigue escribiendo como si nada hubiera cambiado en su entorno cultural. Pobres desgraciados, demasiado viejos o demasiado honrados, condenados a desaparecer sin apelación posible. ¡Ya nadie los lee, porque nadie los entiende!

 

El talento no es rentable

Escritores con talento hay pocos y son difícil de dominar y controlar. Los tiempos en que los editores soportaban estoicamente las excentricidades de sus autores más geniales son solo un recuerdo, que todavía puede verse en alguna película americana de los años 60 ó 70. Pero escritores mediocres y declaradamente malos hay por millares. Es más rentable promocionar malos autores y habituar a los lectores a tolerar sus abruptos y horrores literarios, porque ellos están siempre dispuestos a escribir sobre lo que les mande su amo, y tan deprisa como sea necesario.

Una vez que consiguen vender sus literatura basura la editorial recuperará con creces los esfuerzos realizados para corromper el buen gusto por la literatura inspirada, como es el caso de la editorial Planeta, que invierte cada año cerca del millón de euros para conseguir este oscuro logro. Pero después de todos estos años empeñada en prescindir de autores con talento, practicamente ya ha logrado su objetivo

Goodbye Hemingway! Goodbye Sabato! Goodbye Borges! Welcome Arturo Pérez-Reverte y su Falcón, degollador de perseguidores con una cuchilla de afeitar, o de perros duros lamedores de arroyos de anis, que saben hablar, pero con un lenguaje tabernario. Welcome Javier Marías, y su Berta, que duda de si no se habrá equivocado de marido. Welcome Eduardo Mendoza, que nos da una lección de inglés a su manera "España, sol, toros, guitarras, vino. Everibodi olé. Inglaterra, no sol, no toros, no alegría. Everibodi kaput.", etc., etc., porque la lista sería interminable!

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